A lo largo de nuestra vida conocemos tantas personas y lugares que termina siendo abrumador aceptar la individualidad, que no hay dos entidades iguales, que cuando uno busca describir de una a «los brasileños» o a «las ciudades colombianas» está cayendo en una generalización que cierra los ojos frente a la unicidad (felizmente Dios hizo que las rayas de un tigre y las huellas digitales fueran irrepetibles, por si olvidamos esta realidad). Por lo tanto tendemos a factorizar, a extraer el denominador común, a buscar aquellos elementos que, como el idioma o el acento, nos permitan ser justos en nuestras apreciaciones en el momento de crear mentalmente nuestros diagramas de conjuntos.Teoría de conjuntos
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A lo largo de nuestra vida conocemos tantas personas y lugares que termina siendo abrumador aceptar la individualidad, que no hay dos entidades iguales, que cuando uno busca describir de una a «los brasileños» o a «las ciudades colombianas» está cayendo en una generalización que cierra los ojos frente a la unicidad (felizmente Dios hizo que las rayas de un tigre y las huellas digitales fueran irrepetibles, por si olvidamos esta realidad). Por lo tanto tendemos a factorizar, a extraer el denominador común, a buscar aquellos elementos que, como el idioma o el acento, nos permitan ser justos en nuestras apreciaciones en el momento de crear mentalmente nuestros diagramas de conjuntos.